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Triunfos

La franja deportiva ha sido -¡por lejos!- la mejor idea dentro de esta cuarentena. Desde cuando la crearon me despierto cada mañana a las seis. Me pongo mi buzo (hoy ajustadísimo) y mis zapatillas de trote. Y entonces salgo de mi habitación y camino hasta el comedor. Enciendo el computador y busco en YouTube videos clásicos: Chile en el mundial de ‘62, la final de la Libertadores del ‘91, el Chino Ríos siendo Top One, Massú y González en las olimpiadas de Atenas y las dos veces consecutivas cuando Chile venció a Argentina en la Copa América. Y allí me quedo sentado hasta las nueve: es una delicia tomar desayuno contemplando feliz la gloria del triunfo. ¡Han sido jornadas inmejorables para ejercitar la memoria y cultivar el recuerdo!

Jurídicos

¡Advertencia!  He aquí 24 relatos aptos sólo para juristas, litigantes, estudiantes  y docentes del Derecho.  La casa editorial no responderá por los daños irreparables en la salud mental que sufrirá con seguridad quien desacate este aviso.  I.- (Desafección).- Hoy alegué ante una Ilustrísima Corte. Con ninguna de las tres Señorías allí presentes logré contacto visual. La presidenta cerró sus ojos, suspiró profundo y se fue de este mundo. La perdí. La de su diestra echó a volar su mirada y la clavó con fijeza en una esquina de la sala, como esperando detectar el instante preciso cuando se asomara la araña responsable de esa verdadera obra de arte que ninguna empresa de aseo ha logrado destruir. La tercera ministra, de ojos semi abiertos (¿japonesa la señora?), sin moverse y casi sin respirar, permaneció quieta sin dar siquiera los mínimos gestos de vida (bien pudo haber sido una maniquí). En fin. Será para la próxima. Lo de hoy me hizo sentir como un turista visitan...

Mnemotecnia

Mientras masca su chicle, Lara mira a Lira. Ambos llevan unos minutos dándole vueltas al asunto de la fuga. Pero, está claro, no podrán hacerlo sin la asistencia de Arellano y Orellana, esa dupla de guardianes sobornables con apenas unos pocos caramelos. Por desgracia para ellos, no cuentan hoy con los servicios inigualables de Caco, un maestro en la imitación de voces. El pobre Caco ha perdido la voz por una gripe feroz que lo tiene en cama. Está afónico. Tanto así que lo llaman el Cacofónico. Y sin él, Lara y Lira no soportan más el encierro y han tomado la firme decisión de emprender la retirada. No serán los primeros. Ya antes se fueron Salgado y Delgado e, incluso más temprano todavía, Gordillo y Delgadillo. ¿Y esos cómo lo hicieron? ¿Por qué escaparon sin contar los trucos? Y así se la llevan todo el rato: “Oye, Lira”, “Sí, Lara, dime”, “¿Cuándo nos largamos de aquí, Lira?”, “Pucha, Lara, no lo sé”, “Mala cosa, Lira”, “Sí, Lara, así no se puede”. Por su parte, Arellano y Orellana...

Nimiedad

“Buenas tardes, profesora” – dice el estudiante. La maestra ni bien acaba de verificar que el audio y la imagen de la videollamada estén funcionando, cuando él ya comienza a disparar varias palabras por minuto. “Tengo listo el título para mi tesis: ‘ Aproximación crítica a los últimos cuatro mil años de la humanidad sobre la tierra desde una perspectiva económico-cultural-político-antropológico-filosófica ’”. La docente entra en pánico por lo que oye, al punto que se atora y pierde la voz. Su aprendiz interpreta aquello como un reproche de insuficiencia a su proyecto académico. Se decide entonces a ir todavía más lejos con tal de ser aceptado por su directora de tesis y no perder la beca. “Comprendo lo estrecho de mi campo de estudio. Le agregaré entonces, además de los enfoques jurídicos, literarios y artísticos, la bajada pragmática de todo esto: ‘¿tiene sentido que la humanidad se embarque en la búsqueda de otro hábitat dentro del mismo sistema solar?’ ¿Qué tal ahí, profesora? Much...

Dicha

Mardoqueo centra su atención en lo que tiene frente a sí. Toma nota de todo cuanto transcurre a su alrededor. Escribe con fruición. Pasa de una página a otra en su libreta con la agilidad de un atleta olímpico en una carrera con vallas. Lo que no observa a la redonda, lo extrae de su memoria. El baúl de sus recuerdos está repleto: la sala cuna, la cuadra del bloque, el liceo del barrio y su primer (y único) año de universidad. Lo que no se encuentra retenido entre los archivos de su pasado, lo infiere: comienza a reflexionar y sacar conclusiones. La gente que pasa por su lado lo ve tan concentrado y alegre en lo suyo que hasta siente envidia de él. ¿De qué escribe? ¿A quién le escribe? Sólo toca especular. El lustrabotas, sentado a ras de suelo, lo tiene claro: “ese hombre está enamorado”. El quiosquero, desde su minúscula ventana, lo observa y piensa: “estará redactando su renuncia al trabajo”. La gitana de la esquina cavila: “de seguro se le aclaró su futuro”. Y el perro negro que se...

Preguntas

Mardoqueo, un hombre cesante, enfermizo y soltero contra su voluntad, entró a una librería. Compró con su último billete una libreta de apuntes y unos lápices de tinta roja, verde y azul. Buscó luego un lugar donde sentarse. Lo encontró. Allí respiró profundo y se sinceró. No había desayunado y sintió algo de fatiga. Y mientras las palomas y los perros vagos se le acercaban, escribió, según dicen quienes lo vieron por última vez, las siguientes preguntas: ¿Qué se necesita para escribir poesía?  ¿Basta sumergir en tinta el sentimiento que a uno lo atormenta?  ¿De veras está permitido jugar con el lenguaje?  ¿Importa mucho romper el orden lógico del tiempo y el espacio?  ¿Amerita ser llamado poeta quien jamás haya amado sin ser despreciado?  ¿Surge la poesía de forma honesta sólo cuando se ha gustado la muerte?  ¿Dónde recoge el poeta sus objetos de estudio? ¿En la vida ordinaria que duele; en la imaginación sin carne; o en aquella realidad tran...

Liberación

En el principio era el caos:  litigantes, hechos y normas en colisión.  Sobre la incoherencia del sinsentido revoloteaba la poesía.  Entonces en la Sala se declamó el primer verso:  el vacío fue atravesado por una palabra creadora.  ¡Y vio la Corte que eso era bueno!  Luego el jurista alegó con vehemencia, separando lo accesorio de lo principal.  A lo secundario llamó accidente, y esencia a lo medular.  ¡Y vio el Máximo Tribunal que eso también era bueno!  A continuación su legítimo contradictor  dio vida a las consecuencias que seguían a las premisas sentadas por la otra parte.  Se hicieron notorias las falacias y las verdades.  Las primeras fueron lanzadas al horno de fuego, mientras que las segundas saltaban alegres por los estrados.  ¡Y la Suprema Judicatura vio que era bueno!  Terminada la vista de la causa, la campanilla inauguró el reposo.  Pasaron los días.  Llegó la sentencia.  La condena fue r...

Michelle

Michelle terminó de leer Metamorfosis y sin apuros cerró las tapas del libro. Ahora estaba claro: ella era la nueva adaptación de aquel Gregorio Samsa inventado por Kafka en 1915. E incluso lo superaba. Se sentía extraña. Cada día empeoraba y no lograba detener su descenso al vacío. La Real Academia Española le enseñó que  bullying  no estaba registrada como palabra. Acabó aprendiendo su significado con los gestos y miradas de desprecio que por meses recibió. Quitó los espejos de su habitación y dejó de responder su celular. La fiscalía no veía ilícito que justificara una investigación y su denuncia corrió la misma suerte que ella tenía en mente para sí. Así, sola sobre la azotea del edificio miró hacia abajo y recordó la cantidad de pisos que la separaban del suelo: veinte en total. Más de alguna vez los contó en voz alta mientras los subía y los bajaba en solitario. Jugó buscando alguna coincidencia con ese número. Si lo hallaba, saltaba. Contó las veces que fue amada, los ...

P.P.P.P.

Moncho era un cuarentón cuando fundó los P.P.P.P. El día que salió del hospital (tras haberse encontrado cara a cara con la muerte) decidió que antes de dejar de respirar mejor se gastaría sus próximos días en algo que valiera la pena. Se sinceró consigo mismo. No pudo seguir ocultando su pasión más cara: el amor a los libros. Hasta entonces leía encerrado en los baños, con una linterna debajo de las sábanas o a bordo de un vagón del metro sin rumbo fijo. Con persuasión artística reclutó a un grupo de seguidores. Pegó sus carteles en cada poste de la luz del barrio, tal como hacían los otros vecinos cuando andaban buscando al enésimo perro o gato perdido. Moncho no ofreció ninguna recompensa, pero sí prometió “hacerles sentir de verdad” (frase que con mucha elegancia le había robado varios años atrás al Puma Rodríguez). La alcaldesa de la comuna le facilitó una sala dentro del único liceo de la población. Cuando por fin Moncho tuvo frente a sí al grupo de quienes respondieron a su llam...

Café

La relación se había vuelto insostenible. Encima, seguía sin hallar las palabras para expresar su petición concreta. Formado en las ciencias jurídicas se había vuelto un experto para hablar como habla el legislador. Había perdido la simpleza del lenguaje común. Cuando sus hijos venían a él a pedirle un permiso –“¡sólo para ir a la plaza, papá!”- obtenían como respuesta, además de la decisión del asunto, una larga expresión de motivos. Pero ahora los minutos pasaban con velocidad y él la esperaba ensayando razones en servilletas de papel. En breve se abriría esa puerta y ella entraría al café. Entonces se mirarían a los ojos y, con respeto, él esperaría que su mujer le diera una venia con la mirada para comenzar su alegato. Él lo haría primero por ser el recurrente. Pensaba ir de lo general a lo particular, distinguiendo entre lo principal y lo accesorio. Iba dispuesto a destapar todas las fuentes. Como tantas veces antes, ella lo escucharía sin comprender en absoluto qué diantre quería...

Expulsiones

Señor Director de estos "Cuentos sin gloria", tengo claro que el suyo es un blog y no un periódico de noticias. Pero por si usted aún no se ha dado cuenta, mientras escribe con tanta fruición estos relatos breves (que vaya a saber uno si acaso alguien los está leyendo) el mundo está cambiando de prisa, comenzando por la experiencia de su propio país. De modo que, disculpe usted, Señor Director, deberé meterme en su blog y dejar estampada la presente denuncia (la misma que se lee más abajo). Es que su silencio acabó por ponerme los nervios de punta. Bueno, y si ahora lo agravio con mis palabras, al pie de página se hallan mis datos personales a fin de que dirija en mi contra las acciones legales que estime pertinentes. Es todo. Y adiós. …  Señor Director, pensando en la expulsión de personas venezolanas por parte del Estado de Chile en estos últimos días, creo que no se avanza mucho dividiendo en dos bandos las voces de quienes debaten: los buenistas versus los racistas. ...

Kenosis

“¿Lo saben tus padres?”, le preguntó él desde el otro lado del teléfono. “No, tú eres el primero a quien se lo digo. Sé que no lo esperabas. Yo tampoco. Pero, sí, es verdad. Me hice el test y además los síntomas son claros”, le respondió por aquí una chica que hace poco dejó la adolescencia. “Comprendo. Hablamos más tarde”, fue todo lo que le dijo ese hombre de barba y voz ronca de quien ella creía estar enamorada. Él no pudo seguir trabajando en su taller el resto de la jornada. La noticia lo sorprendió. En el fondo estaba dolido: sabía con seguridad que él no había engendrado a esa criatura. Sin quitarse el overol ni la grasa de las manos, dejó de lado sus herramientas y prefirió salir a la calle. Necesitaba tomar aire y un poco de sol para combatir el frío que comenzaba a recorrer su cuerpo. Luego de caminar varias cuadras se detuvo y verbalizó lo que había estado rumiando en secreto: aborto (“tendrá que haber alguna causal, nomás”). Por la noche se acostó, pero tardó mucho en queda...

Smartphone

Apenas bajó del colectivo que lo transportaba se percató de su olvido: había dejado su teléfono celular conectado a un enchufe de su cocina para recargar la batería. Lo lamentó de veras, pero se resignó. Intentó consolarse recordando las varias décadas de su vida que logró existir sin haber tocado la pantalla de uno de estos aparatos inteligentes. Mas su consuelo duró poco. Al minuto comenzó a sufrir los primeros síntomas de la abstinencia digital: se sentía incomunicado, desinformado, carente de entretención y sin la posibilidad de manipular su cuenta bancaria. ¡Esto sí que era serio y dramático! Sin embargo, y de nuevo, su espíritu espartano (ese que le hacía tomar duchas de agua fría por las mañanas) le aconsejaba mantener la calma y continuar viviendo la rutina del día. Así que llegó a su almacén, quitó los candados, alzó las rejas y se dispuso para atender al público. Los cincuenta minutos que transcurrieron hasta la llegada del primer cliente le parecieron una eternidad. ¿Cuántas...

Autodenuncia

Mi Capitán, le escribo estas líneas para denunciarme. Me allano desde ahora a las sanciones que correspondan a los hechos que informaré. Sepa usté que el suscrito, siendo las 23 horas con 45 minutos del día de ayer, se apersonó en el sitio preciso donde le fue encomendado controlar el tránsito y velar por la seguridad interior de la nación. Fueron horas de oscuridad y sin ningún contacto humano. Durante la madrugada me entretuve contando las liebres que cruzaban saltando el camino, oyendo el canto de los búhos e intentando seguir con la luz de mi linterna el vuelo de los murciélagos. En eso se encontraba este seguro servidor de la patria cuando en una berma del camino se detuvo un vehículo cuya placa patente, marca, modelo, color y año he olvidado por el impacto de lo ocurrido. De su interior descendió la maravilla más sublime que jamás mis ojos hayan contemplado. Hasta ese momento yo sólo conocía el amor a mi institución. Aquel portento humano me dijo que al descubrirme a esa hora y e...

Días

Los días de la semana se reunieron para saber cómo los trataba la vida. Lunes abrió los fuegos comentando que se sentía humillado. Era insultado desde el amanecer. Oficinistas, colegiales y universitarios lo maldecían por existir. Martes lamentó la desgraciada asociación que le imputaron alguna vez con el número 13. La gente le temía, lo evitaba, nadie lo disfrutaba y, encima, contaba a su haber con el inicio de la primera guerra mundial (¡martes!), el golpe del ‘73 en Chile (¡martes) y el ataque a las Torres Gemelas (¡martes!). Miércoles se quejó de ser ignorado, de no tener una identidad propia. Sólo servía para consolar a los cansados (¡ánimo: han recorrido la mitad del suplicio laboral!) o, a lo más, para excitar los espíritus de los amantes de la libertad (¡vamos, resistan, quedan 72 horas!). Jueves se sentía culpable y vivía con ganas de pedir perdón. En su agenda se registraban la gran depresión económica de 1929 (¡jueves negro!), el atentado a la estación del metro en Atocha y,...

Currículum

El entrevistador me pide que me describa en un minuto. Me dice que la comisión evaluadora conoce mis antecedentes curriculares y no tengo que repetir lo que todos han leído. Mientras pienso una respuesta observo a este sujeto: exitoso, sonriente, seguro de sí mismo. Lo encuentro parecido al tigre musculoso -de espalda ancha y cintura angosta- de los envases de cereales para el desayuno. Recuerdo a mi mamá: “hijo, la leche y su plato ya están en la mesa”. “Que le diga algo mío que no conste por escrito, ¿verdad?”, le pregunto con voz de quien se sabe perdido de entrada. “¡Exacto!”, contesta el tigre triunfador. “Dispones de 60 segundos para convencernos que eres la persona idónea para el cargo, que tu presencia en nuestra empresa será un valor agregado y así seguiremos siendo los líderes del mercado”, acota con entusiasmo y demuestra el excelente estado de su dentadura. Me atraganto. Nunca estudié latín y pronunciar la palabra currículum me enreda la lengua. ¿Cuánta sinceridad me sirve...

Años

Se conocieron en el patio del colegio. Un intercambio de meriendas en un recreo marcó el inicio de su amistad. A la salida de clases descubrieron que caminaban en la misma dirección. Juntos enfrentaron ese día el peligro de vérselas con una jauría. Salieron vivos. Luego vinieron los cumpleaños y las invitaciones de fin de semana. Entrando a la pubertad se distanciaron. Cambios de colegio y de barrio equivalían en los tiempos sin internet ni telefonía móvil a cambios de continentes y husos horarios. De forma casual se encontraron un día en la calle. Se reconocieron con apenas mirarse. En un papel intercambiaron sus números de teléfono y supieron que cursaban la misma carrera en distintas universidades. Pasaron los años. En una librería él leyó el nombre de ella en la portada de un libro muy aclamado. Lo compró, lo devoró, fue feliz. Dos décadas después ella ingresó de incógnito a escuchar una conferencia de boca de quien fue su primer mejor amigo. Le pareció magistral, lo aplaudió de pi...

¡Genio!

Su memoria registra lo que sus ojos observan. Se empeña por comprender, pero no siempre lo logra. Con el tiempo ha ido recolectando dilemas que, apenas llega a su pensión, los deja macerando. A veces responde alguna interrogante. Y lo celebra con alegría. Nunca ha podido salir de su país, mas es curioso y disfruta leyendo un atlas o haciendo girar un globo terráqueo. Sólo habla su lengua materna, pero es un as en la comunicación con los extranjeros. Llegó a la capital sin expectativas ni educación formal. Le sobraron los vaticinios de fracasos y tragedias. Optó por escuchar antes de responder y decidió tomarse en serio el consejo de los viejos. Sí, también lo embaucaron y tuvo que volver a empezar. Fue sólo una vez: aprendió la lección de inmediato. No tiene recetas para el éxito e ignora si existen los caminos cortos. Su escuela ha sido el conversar con otros, escuchar la radio y leer esos diarios que se regalan en las estaciones del metro. Está flaco y canoso, pero sigue siendo un in...

Bilingüismo

Ruperto aprendió a leer en la cárcel. El primer libro que leyó completo fue un Nuevo Testamento. Se lo regalaron los gedeones que lo fueron a visitar cuando estaba convaleciente en el hospital penitenciario. Siendo el suyo un lenguaje limitado en palabras, de pronto se halló memorizando versos del evangelio según san Mateo, de las cartas de san Pablo y una que otra cita del Apocalipsis de san Juan. Recitaba sus versículos con la elegancia y el estilo propios de la versión Reina y Valera de 1960. Oírlo predicar era un deleite: mezclaba su jerga de choro porteño con las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret. La congregación -compuesta de cogoteros, pederastas y sicarios arrepentidos- ha disfrutado cada domingo de sus homilías sagrado-profanas. “¡Escúshenme bien, giles culepos y sapos lengua’os!”, dice abriendo las Lamentaciones del profeta Jeremías. Y con voz tronante proclama: “¡Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias! ¡Nuevas son ...

Piscina

Fue un error haber aceptado esa invitación. No tuvo el valor para rechazarla y acabó haciendo lo que había prometido nunca más repetir. Es que el gordo Urrutia supo tentarlo en su debilidad: el estómago y la garganta. “Tranquilo, amigo. ¡Yo lo invito!”, le dijo Urrutia, su antiguo compañero de comilonas y borracheras. “¡Mesero!”, ordenó por tercera vez el gordo, “repita la promoción: otro Troglodita con cerveza doble para el caballero y lo mismo para mí, pero con más ají que los anteriores, por favor”. Y así se fueron hasta que llegó la hora del remordimiento. “Urrutia, gracias por todo. Pero ya llevo 40 minutos de atraso. Debo llegar al turno de la tarde para no abusar de la colega de la mañana”. Con culpa en la conciencia, alcohol en la sangre y algunos kilos de más, el salvavida llegó a la piscina. Su polera anaranjada, ajustada a su barriga, ocultaba la lucha sin cuartel que se libraba en su sistema digestivo. Los lentes negros escondían el rojo de sus ojos y la mascarilla KN-95 le...